¿Qué es la singularidad y cómo podría beneficiar al FinTech?

Aunque no se pongan de acuerdo con la fecha, los analistas y gurús tecnológicos coinciden en que la singularidad tecnológica llegará inevitablemente. ¿Qué supondrá para el mundo financiero?

Allá por 1958, el matemático y físico John von Neumann se atrevió a predecir que, de seguir progresando la tecnología al ritmo al que lo estaba haciendo, el ser humano viviría un momento del “singularidad” en su historia tras el cual era casi imposible imaginar cómo sería la vida después.

Aunque no sería hasta un tiempo después cuando el matemático Vernor Vinge popularizara el término, explicando en qué iba a consistir esa singularidad tecnológica: el momento en que todos los avances en tecnología, sobre todo en inteligencia artificial (IA), derivarán en máquinas más inteligentes que los seres humanos.

Diferentes lecturas de la singularidad tecnológica

 

robot singularidad

 

Como se puede ver, aunque hoy en día oigamos hablar de la robótica y la inteligencia artificial como algo innovador, hace décadas que se investiga sobre ellas.

Los gurús tecnológicos no se ponen de acuerdo a la hora de fijar una fecha para ese momento en que las máquinas nos superen en inteligencia, aunque año arriba, año abajo, se encuentra entorno al 2040. En lo que coinciden todos es en que su llegada será inevitable.

El panorama que dibuja la singularidad tecnológica levanta mucha expectación, pero también incertidumbre y cierta paranoia. Algunos nombres como Bill Gates, Elon Musk y Stephen Hawking creen que será peligrosa, porque los sistemas informáticos serán capaces de desarrollar por sí mismos a otros como ellos y escaparán de nuestro control.

En cambio, otros como Ray Kurzweil, director de ingeniería de Google y escritor científico, cree que estos análisis son simplistas y más propios de la ciencia ficción. Para él, la súper tecnología (como también se la conoce) beneficiará a los humanos porque aumentará sus capacidades intelectuales y les hará mejores.

Quienes coinciden con la visión positivista de Kurzweil creen que para que esto ocurra, nos fusionaremos con la inteligencia artificial que hemos creado y conectaremos nuestro cerebro a la nube, creando interfaces cerebro-ordenador y post-humanos. Algo que podría suceder incluso antes de la singularidad tecnológica, cuando la IA aún no nos supere en inteligencia, pero sí nos iguale (algo que se prevé sucederá en torno a 2029).

¿Cómo podría aprovechar el FinTech la singularidad?

 

Hoy en día muchas aplicaciones fintech y empresas financieras basan sus servicios en la inteligencia artificial: tenemos a los chatbots (o finbots), software inteligente que conversa con los clientes, resuelve sus dudas o se anticipa a sus necesidades; o a los robo advisors, que ofrecen asesoramiento financiero automatizado.

Sin embargo, esta tecnología no supera en inteligencia al hombre ni tampoco puede fusionarse con él. El día que eso ocurra, las posibilidades serán infinitas y difíciles de anticipar hasta para los más expertos.

Dentro del sector FinTech más innovador y disruptivo algunos hablan del término Singularidad Financiera, equivalente a la tecnológica pero que, como explica José Manuel de la Chica, de negocio digital de BBVA, permitirá crear mercados financieros cuasi-perfectos en los que los algoritmos se encargarán de las inversiones, nunca erradas y con la máxima rentabilidad. El riesgo y el azar desaparecerán.

Sin embargo, esta teoría tiene sus detractores, como es el caso de Robert J. Shiller, economista de la Universidad de Yale, para quien un escenario de mercados computarizados es algo ilusorio.

Para Shiller y sus homólogos, en este estadio de singularidad financiera y de mercado perfectos, nadie pondría interés en tratar de indagar lo que significan las oscilaciones de precio de cara al futuro. No habría alicientes y, por tanto, estaría sentenciado a su final.

Además, las decisiones de inversión están motivadas muchas veces por corazonadas y presentimientos, que poco tienen que ver con la exactitud de la informática y la tecnología.

Lara Olmo de Miguel
@Laoldemi